viernes, 11 de abril de 2008

Old Havana


¿Qué bolá, asere?

Esto lo escuchas en La Habana en cada rincón, el saludo entre hombres. ¿Y qué hago yo saludando a todos/as de esta manera? Licencia poética se llama, y me la adjudico porque sí.

Sería sorprendente que contara cosas nuevas de una ciudad, o mejor dicho un pais, sobre el que se ha escrito tanto, sobre el que todo el mundo opina, y no me refiero con mundo a la palabra gente sino a la palabra mundo-tierra con connotaciones geopolíticas y económicas. Sí, todos opinamos sobre la miseria, la cultura, la sanidad, los balseros, Guantánamo, las jineteras y jineteros (putos y putas dicho a la manera de corrección política), el pollo frito y el arroz congrí, del panteón Orisha, la vieja y la nueva trova, y para broche final se deja al líder.

Quitándome todo esto de encima voy a volver a La Habana, la que mantengo en mis recuerdos: la del calor sofocante de agosto, la de los niños jugando en el aguacero, la de los colibríes en mi jardín, la de los vendedores ambulantes de dulces de guayaba, la de las puertas y ventanas abiertas, la que no se cómo describir.

Un día, en mi infancia, salí a pasear y cuando volví, adulta, todas mis ciudades habían cambiado; llenas ahora de desconfianza y ladrillos, maquilladas de salubridad y seguridad pero irrespirables de sentimientos; frías y mezquinas. Sólo al llegar a La Habana recuperé el aire del pasado, de la elegancia que no se deja hundir por la pobreza, de las buenas maneras y el trato amable. Oía el buenos dias del desconocido, la charla del vecino apostado en su puerta abierta, preguntándome con confianza como si me conociera de siempre. Esas cosas que no volveran a mi ciudad. Por esto vuelvo reiteradamente en mi fantasia a esta Habana mágica, anclada, según dicen, en el pasado, y vuelvo a volar a ese país que es la infancia y recorrer sus calles como Juan Sin Miedo. Regresaré a La Habana, porque quiero sentirme de nuevo una niña, corretear por la playa sin nada que me detenga, oliendo el salitre del mar mientras la fotográfica puesta del sol rojo da paso a las estrellas.

Os dejo, voy a salir al grisaceo Manchester con sus palmeras de plástico en inmensos centros comerciales, sueños tropicales con decoraciones de cartón-piedra.

Ciao...





















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