lunes, 21 de julio de 2008

Sailing




¡Hola a todos y todas!

Hace un tiempo que no entro y es que estoy de lo mas ocupada con una consola de vídeo juegos que me han regalado. No tiene nada que ver con las antiguas, utilizando la jerga profesional diría que lo que me ha enganchado es la interactividad, el fácil manejo (indispensable para una analfabeta de los ciber espacios virtuales, tanto en su versión analógica como en la digital, o sea, yo), los sport juegos de salón y lo mejor de todo: el juego que te hace de trainer personal.
Pero no creais que esto me ha hecho olvidarme de vosotros, no no, el día tiene muchas horas; el problema han sido las agujetas que me han postrado en el sofá imposibilitandome la estancia en la silla que tengo frente al ordenador.

Y direis: ¿qué tiene que ver el título con lo que nos está contando la chalada esta? Ahora mismo empiezo con el relato de los hechos: ayer de buena mañana me fui a Liverpool, la capital cultural europea 2008, a ver un desfile de barcos de vela. He traducido la palabra "parade" por desfile porque no conozco otra que se parezca más, en español no conozco la palabra que define esta situación, pero estoy segura de que existe. Continuando con los barcos diré que no era tal desfile, pues estaban todos atracados en los muelles, así que no pude disfrutar de verlos con las velas desplegadas. Decidí verlos de todas maneras, pero no fui la única, ver a millares de personas deambulando por Strand St buscando la manera de entrar a los muelles, me lo confirmó. La organización del evento dejó mucho que desear, eso sí, hubo vallas de todos los colores y sustancias (plásticas, metálicas, otras). En el horizonte entreví una muy nutrida cola de gente y pensé que estaba en el buen camino, cuando llegué hasta ellos pregunté si estaban esperando para poder entrar y ver los barcos, me dijeron que sí. Cual no sería mi sorpresa cuando después de esperar más de media hora, me di cuenta al torcer en un edificio aduanero. que estabamos todos equivocados y esa cola llevaba al Museo Marítimo, y lo peor era que no podíamos salir sin pasar por el mismo. Vistas las opciones me decanté por visitar el Museo e investigar de alguna manera una salida. No creo que las pobres gentes que trabajan en este edificio estuvieran preparadas para una masiva visita, aquello era el caos. En mi busqueda por las zonas menos transitadas encontré una recreación de los camarotes de los barcos que transportaban emigrantes hacia América o Australia, cuando leí lo que duraban las travesías (35 días en el caso de América y con buen viento, 10 meses en el caso de Australia) me quedé muy impresionada. ¡Y yo quejandome del vasco un par de entradas mas abajo!

Salí de allí y fui directa a sacarme un ticket en el ferry que va a Birkenhead, necesitaba que me diera el aire (que me dio bastante, pues hacía una ventolera de aquí te espero); respiré profundamente, me alegré de que existiera Ryanair y sus primas low cost como nunca antes lo había hecho.

A mi regreso a Liverpool decidí tomar una copa en un lugar que me habían recomendado y que yo desde aquí os invito a visitar: Philharmonic Dining Rooms, los servicios de caballeros... memorables (son visita obligada de las ladies, bajo permiso, claro). Para los amantes del Art Decò, esta es su ciudad. Para los nostálgicos del Titanic, que visiten el Hotel Britannia Adelphi.

¡Un saludo marinero!

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