
¡Chin chin!
Brindo con todos vosotros por mi nacimiento hace unos cuantos años, no tantos como algunos/as piensan, todavía me puedo pintar las canas con dignidad. Me he regalado varios libros en inglés, para torturarme un poco. Le ha tocado el turno a Mary Renault, Marguerite Yourcenar y Amin Maalouf, a ver si puedo con ellos. Hago un inciso para contaros que alguien tiene puesto a todo volumen el equipo de música de un coche, con sonido pseudoarabe, estoy por asomarme a la ventana y gritarle ¡Maldito ladrón de letras de Oum Kalthoum, cómo te ponga el disco de sus grandes éxitos te vas a quedar pasmado! Ya se han ido, se han llevado todo lo literario que quería deciros, ahora oigo gritos desde una limousine rosa llena de chicas, mejor que pasemos directamente a los canapés y nos olvidemos de los brindis, porque si continuo haciéndole caso a los ruidos de la calle... ¡Ah! no había dicho que hoy hemos llegado a los 25 grados centígrados, que tengo las ventanas de mi casa abiertas de par en par, y que esto es lo que provoca que escuche a los que pululan por la calle.
He estado buscando sitios para celebrar mi cumpleaños, es increible como ha cambiado todo. Recuerdo las fiestas en mi casa, todo handmade (hecho en casa), detro de los cánones de lo que es este tipo de evento, cánapes, encurtidos, platos fríos, platos calientes, fruta, la famosa tarta, los vinos, el cava, los cócteles... Ahora nada de esto tiene sentido, pocos celebran algo en su casa, tal vez Nochebuena sea la última de Filipinas. Y yo me he unido a la desbandada, así que le ha tocado a un restaurante japonés el recibirme, mañana me pondré ciega de sake y pescado crudo. Esto es la bondad de vivir en la aldea global, hace muy poco tiempo ni en mi tierra ni en la que piso en este momento hubiera podido hacerlo. Hoy por hoy es raro que se pueda comer algo realmente autóctono, incluso la globalización ha llegado a los pueblitos: cuscús, nachos, mozarella, polenta, algas, esas vituallas no tan lejos en el tiempo desconocidas, ahora todos las vemos como normales en las estanterías de cualquier supermercado. Rebrindo con vosotros con un champagne/cava/vino espumoso libanés... mejor que me encomiende al Alka Seltzer, verdad?
Sayonara.

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