Ciao carisimi!Ya me he cansado de hablar de cosas serias, hoy os amenazo con publicitar el nuevo aroma de Christian Dior, citricos y bergamota en la composicion y un recuerdo al infantil Nenuco en la nariz. Sirvan estas palabras de introduccion a una aventura ocurrida a mis carnes teniendo por fondo el Mediterraneo, no os lo digo para que imagineis la foto sino para situaros en el punto exacto de la accion: un barco a toda maquina .
Todo empezo en un pueblo del sur de Espana adonde yo fui para acudir a un concierto de mi idolatrado Prince. Cuando acabo el concierto me fui de jarana y nocherio, he de deciros que tuve un encuentro sorpresivo e inesperado pero eso es harina de otra entrada, perdiendo de vista a mis amigos y al final de la noche ni vista ni pista sobre ellos. Al ser de madrugada opte por no hacer autosptop para volver y alquile una habitacion en un hotel. Sali por la mañana a desayunar y comprar un billete de autobus. Mientras daba cuenta de la tostada, sentada en la terraza de una centrica cafeteria, vi que pasaba una de mis mejores amigas y que se acercaba a saludarme a toda prisa. Que haces por aqui? Vine a un concierto. Donde te estas quedando? En ningun sitio pues me voy dentro de un rato. Por que no te quedas conmigo que tengo el barco en el puerto? Ni mil palabras mas. Termine el cafe y nos fuimos para la "casa flotante".
El barco se llamaba The Silver Dauphin, era una preciosidad de madera y de 35 metros de eslora. Mi amiga esperaba la vuelta de su esposo para empezar una travesia por el Mediterraneo a la que me apunte sin dudarlo. Tres dias llevaba en el barco, tomando el sol y aprendiendo terminos nauticos, cuando aparecio en el horizonte portuario la silueta del Big Blue. El capitan, y dueño de este yate de los años cincuenta, un vasco de rancio abolengo, piel curtida y rubio como los trigos, se fijo en mi al atracar justo al lado de nuestro barco. Resulto ser un intimisimo del marido de mi amiga, asi que el Big Blue se apunto a la ruta transmediterranea de turisteo que pensabamos hacer, pasando a ser algo mas parecido a una caravana acuatica que a una excursion exclusiva. El marido viajero volvio y mi relacion con el abolengado habia empezado a ser algo, ni mas ni menos. Hicimos todos los preparativos para el viaje y no recuerdo muy bien por que quedamos en que yo viajara en el Big Blue.
Nuestra primera escala fue en Ibiza. Todo el viaje habia estado muy bien pero el vasco era un poco dictatorial para mi gusto, aunque todos decian que era solo mi falta de costumbre en la marineria, que los capitanes siempre suelen ser unos tiranos para que no se les amotine la tripulacion, aun asi no las tenia todas conmigo. Proseguimos la ruta hasta Alghero en Cerdeña, mi irritacion iba subiendo de tono al igual que mi color de piel, me sentia utilizada y no como una invitada que es lo que yo era en el barco; pero todos volvian a recordarme que la vida maritima es muy dura, que tenia que adaptarme y compartir trabajo con la tripulacion y bla, bla, bla... Recalamos en Ajaccio (Corcega) unas horas para comprar vituallas, ni siquiera pude bajar del barco ya que tuve que quedarme de guardiana. Al comenzar de nuevo el viaje tuvimos un mar de fondo horroroso que hizo que la travesia se alargara y los alimentos "escasearan". Esto fue el motivo para que el caracter del capitan se agriara hasta limites insospechados. Yo, que a todo esto le habia dado calabazas todos los dias y no precisamente para comer, sufri mas que Moby Dick con el capitan Ahab; todo el dia fregando, pelando patatas (mi propia piel ya la habia perdido varias veces), pasando la aspiradora, y muchos mas trabajos cuasiforzados que hicieron que al llegar a Portofino cogiera la maleta y me despidiera, con un "que te den candela", del capitan vasco sin gama. Espere la llegada del barco de mi amiga, le conte la situacion y tambien me despedi de ella. Alquile una habitacion en un hotel de lujo, me repuse de mis heridas (callos en las manos, ennegrecimiento de mi piel, ampollas, magulladuras y arañazos), reserve un vuelo desde Genova y volvi a mi hogar. No quiero ni pensar en como hubiera terminado si hubiese podido aguantar hasta llegar a Chipre que era nuestro destino, pensar en la vuelta... que miedo!
Asi que cuando compre el perfume que nombre al principio vine a recordar lo bien que me olio Portofino aquella vez, aroma a libertad y a tierra firme.
Ciao...


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