lunes, 5 de mayo de 2008

Burning Streets

Good night loves!

He decidido salir a dar una vuelta de ojeo para vaciar escaparates y rellenar armarios. Ya sabeis que el deporte favorito de toda mujer de mediana edad que haya visto un par de capitulos de "Sex in the City", o de la mas familiar "Desesperate Housewives", es perseguir con ahinco que tu guardarropa pueda ser considerado un bien a heredar por el Estado, o a ser subastado en Ebay.

A lo que iba: me encontraba navegando en las procelosas aguas de una de mis tiendas favoritas, cuando otee en el horizonte una de esas prendas que pondrian la piel de gallina a la mas veterana y profesional de las compradoras compulsivas, si, esa prenda grisacea que, como dicen mis amigas, hay que ser muy cobarde para comprar porque todo fondillo de armario tiene varias de esas todoterreno de la moda. Era una gabardina con tres botones nacarados, lo mas relevante del diseño, que de puro ñoño me llamo la atencion. Me molestaba que fuera tan combinable con todo, que tuviera la poca personalidad de no desdecir con ningun colorin festivo que se le acercara, es mas, cortesmente atenuaba lo ordinario de algunas de las piezas que tuve que rebuscar por la tienda por la mania que me entro de querer humillarla, y demostrarme que algo tan pateticamente insulso no podia estar en mis baules. Al final sucumbi y la compre. Para endulzar este trance me refugie en la zona de trajes de fiesta y compre unos cuantos. No sabia en que momento los utilizaria, pero tenia que compensar la falta de imaginacion de la gabardina con un puñado de lentejuelas y oropeles. Mi llegada a la zapateria fue el colofon de esta borrachera de gris marengo, arrase comprandome unos cuantos pares de zapatos en technicolor. Al terminar de pagar el ultimo trozo de tacon arcoirisado me relaje tanto como si hubiera seguido un tratamiento intensivo de derivados del litio. Decidi que era hora de volver a casa, ya estaba feliz. Pare en mi portal, espere hasta que paso una señora de mi talla, me dirigi a ella y le regale la gabardina de marras. Se quedo estupefacta, me dio las gracias mirando alrededor por si era una broma de la tele. Solo le dije una cosa al despedirme: esto no me sirve para quemar las calles.

Bueno chatos, un hasta pronto incendiario.

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