Good night!Acabo de quitarme los rulos de la entrada anterior y he estado echándole números a mi cabellera para caer en la cuenta de que necesito un sueldo sólo para ella.
Sin mucho esfuerzo he recordado mi infancia y la poca variedad de productos capilares que existía en la época: champú, crema suavizante (para las que tenían el pelo como la estopa) y laca, en el lado masculino de la repisa el abrótano macho era un imprescindible. Esto lo encontrabas en tu casa, en las peluquerías, además de los nombrados, tenían el líquido apestoso de la permante, los tintes y aquello que daban en llamar "un pliss", confieso que no sé a qué se referían con esa palabra, puede que fuera una reminiscencia, o un modernismo, de la francesa mise en plis, vete tú a saber... lo que ya sabeis es que dificilmente salías de la pelu sin que te endosaran la ampollita del pliss . Con tan poca cosa teníamos un pelo lustroso, inclusive las rubias de pote, que a pesar del color amarillo pollito que les daba el tinte, lucían unos destellos espectaculares bajo el sol. Eso sí, el amarillo pollo lo llevaba toda la que se atrevía con los decolorantes, daba igual que fueras estrella de Cifesa o ama de casa imitadora de Marilyn Monroe; al rubio español le quedaban una decadas para alcanzar el platino.
De vuelta a un baño actual eso quedaría ridículo, qué menos que tener tus tres o cuatro tipos de champú, a saber: el especial para cabellos colorados, el desestresante, el de uso diario, el que te gusta como huele. Del lado de las cremas suavizantes: la que te da suavidad de seda, la volumizadora, la que te proporciona brillo de diamante, la de cabello decolorado. Continuamos con las mascarillas: la de crema de carité porque suena exótico, la más cara porque para tu pelo sólo quieres lo mejor, la del Mercadona... por probar. Para después de la ducha: el spray hidratante, la espuma cuidado total, el serum fortalecedor anti puntas abiertas. Para secartelo: la cera moldeadora, el gel antihumedad, la laca sin efecto apelmazante. Para las novedosas planchas (versión ultimate de las tenacillas romanas) de turmalina cerámica (desde aquí os lo digo, son las mejores): el liquido protector antidaños por calor, el acelerador del planchado.
Lo peor de todo esto es que no veo a nadie lucir las melenas de antaño, no y no. Todo es en vano, ni siquiera intentando los remedios de la abuela, ya sabeis: el aclarado con vinagre, el lavado con un huevo crudo, el tratamiento intensivo con aceite de oliva y la toalla vieja; no señora, no hay manera de recobrar, parafraseando a Sarita Lasauria, el golpe de melena. Cómo echo de menos aquel cabello con un peso específico, en cambio al de ahora vamos a tener que ponerle plomillos como a las cortinas...
Bueno, bueno... os dejo que me toca la mascarilla al aceite de Jojoba (pronúnciese yoyoba) y borraja y tengo que buscarla entre tanto potingue.
Un beso de una desmelenada!

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